23.06.26
Por TEG PREM · Kundalini Yoga y Astrología Védica
"No sos vos, son tus gunas"
Yogananda lo dijo así de simple: "no sos vos, son tus gunas." Esta clase de Kundalini Yoga toma esa frase y la despliega en un mapa completo — desde cómo la conciencia se va volviendo materia, hasta cómo cada supuesto defecto tuyo (la avaricia, el enojo, el apego) es en realidad una fuerza mal dirigida que se puede reorientar sin necesidad de eliminarla.
Una clase sobre entender de qué estás hecha, para dejar de pelearte con eso.
La fractalización: cómo lo sutil se vuelve materia
La clase arranca con un concepto central: la fractalización de la conciencia. No se trata de un reflejo ni de una copia — es la misma esencia que, partiendo de lo más sutil, se va volviendo progresivamente más densa, más "terrea", hasta tomar forma: la ropa que usás, el nombre que llevás, cada cosa que ves.
Esa fractalización ocurre a través de los cinco elementos (tierra, agua, fuego, aire y éter), que en la tradición se despliegan en 36 formas o "tatvas" distintas — las diferentes expresiones de esos elementos en este plano.
Y en ese proceso de volverse materia, aparece algo inevitable: el error. La clase lo redefine con una anécdota simple: una pasajera de taxi le recordó a la instructora que "hay que errar para aprender", poniendo como ejemplo que incluso Jesús "erró" al enojarse en el templo — y ese momento se transformó, con el tiempo, en una enseñanza sobre el perdón para toda la humanidad. El error, entonces, no es una falla del sistema: es parte de cómo la conciencia se experimenta a sí misma a través de la forma.
Las tres gunas: no hay una mejor que otra
Un punto que la clase remarca con fuerza: las tres gunas —tamas, rajas y sattva— son todas necesarias. No hay jerarquía real entre ellas, aunque en el imaginario espiritual muchas veces se idealice lo sáttvico (liviano, elevado) y se desprecie lo tamásico (denso, terrenal).
Tamas es la cualidad más densa. La comida tamásica —papa, zanahoria, cebolla, camote— crece bajo tierra, y por eso ancla. La clase da un ejemplo muy concreto: el último día de un retiro de yoga, todo el mundo quiere comer pizza, porque después de tanta elevación el cuerpo necesita aterrizar.
Rajas tiene el componente del movimiento, el fuego, la voluntad. Es la energía del hacer.
Sattva es la cualidad más sutil, la que conecta con el éter y con los cielos.
La clase advierte algo importante: perder contacto total con lo denso no es un logro espiritual. El equilibrio entre las tres es lo que sostiene una vida funcional. Como se dice sobre alguien muy sáttvica: "a ver cómo te va en generar el pan de cada día."
Los cinco ladrones que en realidad son cinco maestros
El corazón de la clase son los cinco ladrones del Hukam: avaricia, lujuria, enojo, apego y orgullo (ahankar). Cada uno está asociado a un elemento, y cada uno tiene una versión distorsionada y una versión transformada:
Avaricia (tierra): en vez de acumular posesiones, se transforma en el deseo de esparcir verdad y sostener un alto nivel espiritual sin juicio. Un matiz honesto: "tenés que ser un poco avaro para darte, para poder dar. Si no tengo la copa llena, no puedo compartir."
Lujuria (agua): la clase plantea el ejemplo puntual de un hombre que, en lugar de ver a una mujer como objeto de explotación, aprende a verla como una imagen de madre o hermana a la cual respetar — sosteniendo su propia dignidad y pasando de una actitud de explotación a una de servicio. Conecta esto con siglos de persecución y abuso histórico sobre los cuerpos de las mujeres, y con la necesidad de sanar esa herida a nivel colectivo y celular.
Enojo (fuego): en vez de dirigirlo hacia otros, se dirige hacia la propia negatividad interna. No se trata de eliminarlo, sino de aprender a comandarlo — dirigir esa energía con conciencia.
Apego (aire): el apego más profundo es a la respiración misma, lo más vital que tenemos. La clase comparte un ejemplo muy personal: reconocer el propio apego (incluso el orgullo de "ser espiritual") y aprender a usarlo como herramienta, sin quedar identificada con él.
Orgullo / ahankar (éter): en vez de ególatra, se transforma en la gratitud profunda de haber nacido humano. La clase lo resume así: "ten el orgullo y la gratitud de que Dios te hizo humano."
La idea central que atraviesa todo esto: no se trata de matar los cinco ladrones, sino de dirigir esa misma energía hacia su expresión más elevada. Ninguna de estas fuerzas es "mala" en sí misma — es cuestión de hacia dónde se orienta.
Tres enseñanzas para llevarte hoy
1. No pelees con tu enojo, tu apego o tu avaricia: preguntales para qué existen
Cada "defecto" tiene un para qué. En vez de reprimir el enojo o avergonzarte del apego, la clase propone preguntarte: ¿esta energía, dirigida de otra manera, en qué podría transformarse hoy?
Cómo aplicarlo: la próxima vez que sientas una emoción "negativa" con fuerza, en vez de juzgarla, preguntate: si esta misma intensidad la dirijo hacia algo constructivo, ¿qué generaría?
2. Practicá la desidentificación, no la desaparición
La clase distingue algo clave: desidentificarte de un pensamiento o una emoción no es lo mismo que reprimirla o hacerla desaparecer. Es reconocer "esto pasa por mí, pero no soy eso". El ejemplo que se da es simple: un pensamiento negativo te visita, pero si te identificás con él, se vuelve tu tierra, tu identidad completa.
Cómo aplicarlo: cuando aparezca un pensamiento repetitivo o una emoción intensa, practicá nombrarlo desde afuera ("esto que siento ahora") en lugar de fusionarte con él ("soy esto que siento").
3. Buscá tus maestros en los elementos que ya tenés alrededor
La clase cierra con una historia hermosa: la de un Sadhak que aprendió de cinco maestros — la tierra (el perdón), el viento (el desapego y la sutileza), el cielo (la pureza, ya que las nubes solo parecen manchar lo que en el fondo siempre es azul), el agua (la serenidad y el fluir constante) y el fuego (la calidez que aleja el miedo).
Cómo aplicarlo: no hace falta un maestro humano para aprender. La próxima vez que camines al aire libre, elegí un elemento —el viento, el agua de una lluvia, el fuego de una vela— y preguntate qué te está enseñando hoy.
La historia del Sadhak: aprender del mundo, no solo de los libros
Vale la pena detenerse en esta historia que cierra la clase, porque resume toda la enseñanza en una narrativa simple:
Un Sadhak humilde aprendió de sus primeros cinco maestros, que fueron los cinco elementos densos del universo. La madre tierra le enseñó el perdón: a pesar de todo lo que el ser humano deposita sobre ella —desperdicio, contaminación— ella devuelve alimento. El viento le enseñó el desapego y la sutileza: estar en movimiento constante, sin ser "un libro abierto para que todos lo vean." El cielo le enseñó la pureza: así como las nubes solo parecen colorearlo pero en el fondo siempre es azul, el alma nunca se mancha realmente por lo que vive. El agua le enseñó a estar sereno y a ser compasivo con otros, purificando a todos los que se pusieran en contacto con él, y a fluir sin estancarse nunca. Y el fuego le enseñó a purificar con calidez, alejando el miedo y la ignorancia de quienes se le acercaban.
Se convirtió en un gran maestro, dice la historia, porque supo relacionar conscientemente su propia naturaleza —sus cinco elementos internos— con estos cinco maestros externos.
Por qué practicar esto
Porque la alternativa a entender tus gunas es pelearte con ellas para siempre — sentir culpa por el enojo, vergüenza por el apego, o la ilusión de que ser "más espiritual" significa flotar por encima de lo humano. Esta clase propone otra cosa: conocer tus elementos, dirigirlos con conciencia, y soltar la identificación sin necesidad de desaparecer. No sos tus gunas. Pero tampoco tenés que combatirlas: podés aprender a conducirlas.
Sostente en tu práctica y serás sostenido.
Sat Nam ✨
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Sobre mi

Sat naam 🙏
Soy Teg Prem Kaur Khalsa, alma devota que transforma vulnerabilidad en fuerza, inspirando mujeres hacia su maestría interior. ✨

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